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Parte I del capítulo A) CONCIENCIA: Fenomenología del espíritu: La certeza sensible; o el Esto y el querer decir por medio de la opinión o la suposición [Das Meinen] (pp. 63 - 70)


 

Hola con todos. Hoy les presentamos nuestro resumen analítico de la Parte I del capítulo A) CONCIENCIA: Fenomenología del espíritu: La certeza sensible; o el Esto y el querer decir por medio de la opinión o la suposición  [Das Meinen]

Hegel hace una crítica hacia las verdades históricas y matemáticas, centrando su atención en las segundas. También las diferencias del conocimiento filosófico en cuanto estas dos cuentan con un conocimiento defectuoso, que en las verdades matemáticas se expresa como la magnitud (diferencia no-esencial) y de manera espacial, como una relación inesencial y aconceptual, como una irrealidad efectiva, alejada de lo efectivamente real que se pretende buscar en el proyecto hegeliano, aquella unificación de dos movimientos particulares.

En este tipo de verdades como son las matemáticas, se altera la cosa verdadera, pues el movimiento del saber opera en la superficie y no afecta a la esencia o al concepto, por lo cual no se puede hablar de un conceptualizar. [Begreifen]. Este movimiento de la demostración matemática no forma parte de lo que es el objeto, sino que es un obrar exterior a la cosa, es decir que representa el devenir de la existencia como existencia, lo cual difiere del devenir de la esencia o de la naturaleza interior de la cosa que busca el conocimiento filosófico.

Para Hegel, el método de la filosofía incide sobre lo real, sobre la que se contiene en un movimiento interno animado por la contradicción entre lo verdadero y lo falso: “movimiento de la vida de la verdad”.

Por otro lado, en cuanto al método de la ciencia que se ha venido aplicando, esta se reduce a un formalismo o esquema inerte que no permite aprehender la cosa misma de los fenómenos, dándose así un conocimiento exterior a la materia.

La ciencia entonces solo puede “organizarse a través de la vida propia del concepto”, lo cual le otorga una base negativa sustentada en una diferenciación y una existencia que se impone. De esta forma, la cosa que clasifica, al no poder penetrar en su esencia, únicamente se indica superficialmente.

Así, lo que importa en el estudio de la ciencia es asumir el esfuerzo del concepto. Sin embargo, este concepto no se puede dar en el terreno firme del razonar del sujeto sin movimiento, sino que este movimiento, necesario, se convierte en el objeto mismo. Ya se había dicho que las matemáticas, al estar seguras de su objeto, y desviar su atención del devenir y del movimiento, difícilmente pueden acceder a este concepto que aparece gracias al movimiento. Ante esto contrasta el pensamiento especulativo de la filosofía, pues las proposiciones filosóficas, por ser proposiciones, suscitan la opinión de la relación usual entre el sujeto y el predicado y sugieren el comportamiento habitual del saber. Y este comportamiento y la opinión acerca de él son destruidos por su contenido filosófico; la opinión experimenta que las cosas no son tal y como ella había creído, y esta rectificación de su opinión obliga al saber a volver de nuevo sobre la proposición y a captarla ahora de otro modo.

En el extracto anterior se nota como Hegel va edificando la estructura de ciencia que ha de tener la filosofía. Dicha estructura se da a través de la construcción y destrucción de viejos y nuevos conceptos a través del movimiento. Solo mediante este poner en entredicho el saber ya conocido del saber que se contrapone y aparece como contraste se puede lograr una verdadera ciencia.

Para Hegel, la certeza sensible hace que el saber se manifieste como el más verdadero. Sin embargo, sólo demuestra una verdad pobre y abstracta porque dice del objeto que cosa es, y nada más.

Asimismo, en la certeza sensible se despliega un vínculo que es al mismo tiempo inmediato y mediado entre el sujeto (éste) y el objeto (esto). Cuando observamos un objeto, la única razón válida que tenemos para determinar su certeza es que es –lo que constituye su verdad e inmediatez. Por otro lado, lo mediado en el objeto está determinado por la certeza impuesta por el sujeto, y por su naturaleza al margen de lo sabido. A saber: no interesa si un objeto es conocido por un sujeto o no. Su existencia no dependerá de ello. Mientras que del lado del conocer o saber, su permanencia dependerá de la existencia del objeto: el saber no es si el objeto no es.

Hegel también nos explica la limitación que tiene nuestra opinión, bajo la cual no se puede decir el ser puro de manera inmediata. Así, la certeza sensible queda replegada dentro del Yo, en la inmediatez de mi ver. El objeto que debiera ser lo esencial, pasa a ser ahora lo no-esencial de la certeza sensible. La fuerza de la verdad de la certeza sensible reside ahora en el Yo. Alguien puede decir que ve un árbol, pero al dar vuelta puedo ver una casa. En este caso, ¿el Aquí es la casa o el árbol? Es y no es, es un algo negativo en general. Ambas verdades encierran el mismo título de legitimidad, y tienen el carácter inmediato del ver, pero una de ellas desaparece en la otra.



Algunas consideraciones grupales con respecto a lo dicho por Hegel en estas pocas páginas nos llevan a preguntarnos sobre la necesidad del despliegue o desarrollo de las cosas para poder definirlas. Como esta visto en el ejemplo del párrafo anterior, en un momento veo un árbol, y luego una casa, entonces, ¿qué es? Evidentemente será el desarrollo completo lo que defina lo que en verdad es. Pero volviendo al tema de la inmediatez, sus características principales son el espacio y el tiempo o, mejor dicho, la espacialidad y la temporalidad. La inmediatez se da en un tiempo determinado, en un aquí, y en un lugar determinado, por ejemplo, delante de mí, sobre mí, a mi lado, etc. Es por ello que no puede dar cuenta de la verdad de las cosas, pues la inmediatez de los sentidos está anclada en un momento y tiempo específico, y por ende no recorre el despliegue completo de lo que se quiere definir.

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