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Parte II del capítulo A) CONCIENCIA: La percepción; o la cosa y la ilusión (pp. 71 - 81)

 ¡Hola , estimados lectores! En esta oportunidad les compartimos nuestro resumen sobre la segunda parte del capítulo CONCIENCIA:   II. La percepción; o la cosa y la ilusión





La certeza inmediata no se posesiona de lo verdadero, pues su verdad es lo universal; pero quiere captar el Esto. A diferencia de la percepción, que capta como universal lo que para ella es lo que es, siendo la universalidad su principio en general y también los momentos que de un modo inmediato se distinguen en ella: así, resulta que el Yo es un universal al igual que el objeto.

Para nosotros, o en sí, lo universal es como principio la esencia de la percepción y, frente a esta abstracción, los dos términos diferenciados, el que percibe y lo percibido, son lo no-esencial. Ambos son esenciales en cuanto se relacionan entre sí como contrapuestos y en este vínculo solamente uno puede ser lo esencial, y entre ambos se reparte la diferencia entre lo esencial y lo no-esencial. La riqueza del saber sensible es parte de la percepción, no de la certeza inmediata, en la que, según ya se vio, era solamente algo concomitante.
Así, solamente la percepción tiene en su esencia la negación, la diferencia o la multiplicidad.


El ser es un universal porque tiene en él la mediación o lo negativo; esto quiere decir que expresa esto en su inmediatez, es una propiedad distinta, determinada. Al expresarse en la simplicidad de lo universal, estas determinadas que sólo son propiedades por otra determinación que ha de añadirse, se relacionan entre ellas, son indiferentes las unas con respecto a las otras y cada una de ellas es para sí y libre de las demás. Estas se compenetran en una unidad simple, aunque sin involucrarse entre ellas debido a la naturaleza de su universalidad. En el conjunto de estos elementos se consuma la cosa como lo verdadero de la percepción.

Este médium universal abstracto puede ser llamado la coseidad en general o la esencia pura, es el Aquí y el Ahora como un conjunto simple de muchos. En el Aquí se ven compenetrados pero no se ven afectados. En esta relación solo se observa y desarrolla, primeramente, el carácter de la universalidad positiva.


La universalidad sensible o la unidad inmediata del ser y de lo negativo solo es propiedad en cuanto que lo Uno y la universalidad pura se desarrollan a partir de ella y se distinguen entre sí y la universalidad sensible enlaza la una con la otra. Solo esta relación de dicha universalidad con los momentos esenciales puros es la que completa a la cosa.

Para Hegel, es el acto de percibir lo que produce la apariencia múltiple de la cosa. Por esta razón, el sujeto sería el médium común universal para las propiedades y no la cosa. Ahora bien, al ser las propiedades una función del sujeto, y la coseidad una función del objeto, es posible hablar de distinción entre las cosas por sus propiedades. Si ninguna propiedad pertenece objetivamente al objeto, entonces tenemos cosas particulares que no se distinguen entre sí. Las propiedades, sin embargo, tienen que pertenecer al objeto. Si este es el caso, habría que invertir la estrategia para que la unidad del objeto, la cosa como Uno, sea una función del sujeto, y que las propiedades se adhieran al objeto. En este caso, la actividad del sujeto de postular como Uno las diversas propiedades producirían la coseidad. Además, la unificación de estas propiedades corresponde solamente a la conciencia.



Esto último es muy interesante pues en la certeza sensible pareciera que el objeto tiene más peso ontológico, pero cuando la conciencia va teniendo mayor contacto con la cosa, el peso ontológico recae en la conciencia, en cuanto que es ella la que le unifica y agrupa las propiedades de la cosa, así como la relación de esta con otras cosas. La relación de la cosa con las otras cosas es la universalidad de su ser cosa. Dirá Hegel, Se da, así, la experiencia de que la cosa se presenta para la conciencia que la aprehende de un determinado modo, pero, al mismo tiempo, es fuera del modo como se ofrece y reflejada en sí o tiene en sí misma una verdad.

De esta forma la cosa es tomada como lo verdadero e igual a sí mismo, pero tomándose como desigual. Esta desigualdad se da entre cosa y cosa, y también entre la conciencia de la certeza sensible y la cosa, conforme la conciencia va viendo el despliegue de la cosa. Para entender mejor: La cosa es, por tanto, indudablemente, e y para sí, igual a sí misma, pero esta unidad consigo misma se ve perturbada por otras cosas; así se mantiene la unidad de la cosa y, al mismo tiempo, el ser otro tanto fuera de ella como fuera de la conciencia. Pareciera que la cosa da un paso de lo puramente óntico a la ontológico debido a su relación con las otras cosas, pues pasa de ser un simple árbol o casa, en un aquí y ahora, en un relacionarse, en su despliegue, con otras cosas.

Finalmente, para Hegel es este curso, una determinación constantemente cambiante de lo verdadero y la superación de esta determinación, es lo que en rigor constituye la vida y la acción diaria y constante de la conciencia percipiente y que supone moverse em la verdad.

Fuente de las imágenes: "Hegel y la Fenomenología del espíritu, pt. 6/18"
por Darin McNabb.

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