Hola , compañeros. En esta oportunidad les compartimos nuestro resumen sobre la primera parte del prólogo de La fenomenología del espíritu.
Antes de comentar brevemente la importancia del pensamiento hegeliano,
debemos situar su filosofía en un contexto histórico social determinado. El
Romanticismo tiene como pilares básicos el liberalismo político y la libertad
artística basada en la inspiración. En Alemania, este movimiento se refleja en
el patriotismo, nacionalismo, historia y literatura. Hay una necesidad de
expresar lo inexplicable. Ya no solo es necesaria la “razón”, como en la
Ilustración y en Kant, sino también el sentir, el sentimentalismo y la
espontaneidad. Es lo irracional la vía de acceso a la realidad, además el
Romanticismo exalta a la unidad orgánica con la naturaleza, así como la unidad
en la tradición y la historia del pueblo alemán en particular, y de la
humanidad en general. Es así como la “razón” infinita, absoluta y creadora,
guía a la humanidad. Este infinito es totalidad, devenir, razón y conciliación
de contrarios. Hay un plano espiritual que va cobrando vital importancia en el
Romanticismo.
La propuesta filosófica de Hegel tiene un gran valor histórico (a parte
de su aporte a la filosofía misma), debido a que su sistema es la maduración y
conjunción de todo el pensamiento anterior. Así mismo, es la representación
sistemática de la filosofía por antonomasia, pues pasa de la crítica como forma
de hacer filosofía, a la sistematización de esta como ciencia verdadera. Para
ello abraza todo el conocimiento anterior y lo lleva hacia un proceso
dialéctico. Esta dialéctica como método
consiste en descubrir y seguir racionalmente le movimiento de la Idea, bajo una
nueva lógica que estaría basada en la conciliación de las contradicciones. Esto
permite que la filosofía tienda a un sistema. En ese sentido la obra,
Fenomenología del Espíritu es la sistematización del tránsito de la conciencia
humana hacia el Infinito. En esta obra se muestra las etapas de dicho tránsito,
así como la estructura histórica del Espíritu.
Prosiguiendo con esta pequeña síntesis introductoria sobre le pensamiento
hegeliano y sobre la Fenomenología del Espíritu, haremos un breve repaso por lo
más resaltante entre las páginas 7 y 25 del citado libro.
Hegel empieza criticando la manera de hacer filosofía en donde se
presupone ciertas cuestiones que tienen relación con el estudio que intenta
plasmar dicho autor. Para Hegel, la filosofía ve lo universal en lo particular,
por ello debe plasmar lo esencial de la cosa misma en su esencia perfecta, y no
hacer un desarrollo de lo no esencial, es decir, de lo particular que tiene
cada pensamiento filosófico. Este desarrollo no esencial se da porque las obras
filosóficas creen tener determinadas relaciones con la verdad que oscurecen el
conocimiento de la verdad en un antagonismo: verdadero y falso. Estas
pretensiones filosóficas no conciben la diversidad de los sistemas filosóficos
como un desarrollo progresivo de la verdad, sino que sólo ve en la diversidad
la contradicción. Hegel, por otra parte, contrario a aquello que critica, busca
la unidad orgánica en el fluir del todo, que es precisamente lo que le da vida
al todo. Hegel dirá que, en efecto, la cosa no se reduce a su fin, sino que se
halla en su desarrollo, ni el resultado es el todo real, sino que lo es en unión
con su devenir; el fin para sí es lo universal carente de vida, del mismo modo
que la tendencia es el simple impulso privado todavía de su realidad, y el
resultado escueto simplemente el cadáver que la tendencia deja tras sí.
Hay una frase que aparece en la segunda parte del prólogo y que resume
muy bien la influencia del Renacimiento en la Fenomenología: “Se pretende que
lo absoluto sea, no concebido, sino sentido e intuido, que lleven la voz
cantante y sean expresados, no su concepto, sino su sentimiento y su
intuición”. Pero a la ciencia no le cuadra aquello, dice Hegel, pues esta solo
busca su edificación. La filosofía, a diferencia de la ciencia, debe guardarse
de esa pretensión de edificación. Por otro lado, el Espíritu que guía a la
humanidad no permanece nunca quiero, sino que se haya siempre en movimiento
progresivo. Pero surge la pregunta sobre los nuevos enfoques o descubrimientos,
¿acaso no son estas, prueba de la no permanencia del Espíritu? Hegel dirá que
aquellos paulatinos desprendimientos, que no alteran la fisionomía del todo, se
ven bruscamente interrumpidos por la aurora que de pronto ilumina como un rayo
la imagen del nuevo mundo. Sin embargo, este mundo nuevo no presenta una
realidad perfecta, sino que esta primera aparición es tan sólo su inmediatez o
su concepto. Del mismo modo, la ciencia, coronación de un mundo del Espíritu,
no encuentra su acabamiento en sus inicios. El comienzo del nuevo Espíritu es
el producto de una larga transformación de múltiples y variadas formas de
cultura. Ante el fluir del Absoluto en el tiempo, la conciencia echa de menos
la nueva figura que se manifiesta la expansión y la especificación del
contenido; y aun echa de menos el desarrollo completo de la forma que permite
determinar con seguridad las diferencias y ordenarlas en sus relaciones fijas.
Sin este desarrollo completo, la ciencia carece de inteligibilidad universal y
presenta la apariencia de ser solamente patrimonio esotérico.
Otro aspecto importante en la Fenomenología es la necesidad que lo
Absoluto entre en el concepto del sujeto, dice Hegel: “según mi modo de ver,
que deberá justificarse solamente mediante la exposición del sistema mismo,
todo depende de que lo verdadero no se aprehenda y se exprese como sustancia, sino
también y en la misma medida como sujeto”. Así mismo, el devenir es expresado
en Hegel como un círculo, que se hace real por medio de su desarrollo y de su
fin. Lo verdadero es el todo. Pero el todo es solamente la esencia que se
completa mediante su desarrollo. De lo absoluto hay que decir que es
esencialmente resultado, que solo al final es lo que es en verdad, y en ello
precisamente estriba su naturaleza, que es la de ser real, sujeto o devenir de
sí mismo. La mediación no es sino la igualdad consigo misma en movimiento o la
reflexión en sí misma, el simple devenir.

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